08/12/2007
8 "EL ENFERMO IMAGINARIO"
Comentario de Roberto Schneider para el diario "El Litoral"
La Comedia Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral estrenó un espectáculo excelente, a partir de una inteligente adaptación y dirección de Claudio Martínez Bel. Con un ritmo sostenido, perfecto, se luce un afiatado elenco de actores santafesinos. Y el público se ríe y aplaude.
Si bien algunas de las primeras obras de Moliere adherían a las fórmulas de la "Comedia dell'Arte", sus producciones posteriores calaban mucho más hondo en los personajes y se apartaban de las astracanadas. Descendientes de los actores del teatro romano que se desparramaban por Europa ganándose el pan como mejor podían y empleando trucos publicitarios no muy ortodoxos, como subirse al techo de una casa y mostrar sus traseros desnudos para que se agolpara la gente, los actores "profesionales" del medioevo animaron posteriormente espectáculos de feria.
Pero Moliere, cuando se estableció con su compañía, se apartó de ese estilo y desplegó su genio dibujando personajes más refinados, cuya agudeza permite que hasta hoy podamos reconocer en ellos a tipos humanos que abundan, desde "Tartufo" hasta "Harpagón".
Lo mismo pasa con el hipocondríaco Argán, que gasta su patrimonio en lavativas y pócimas, al mejor estilo de los cultores de la medicina alternativa de la "new age". "El enfermo imaginario" fue estrenada en París en 1673. El protagonista, que se cree muy enfermo y cultiva con pasión sus males, siempre rodeado de medicinas y médicos, quiere emparentarse con uno de éstos casando a su hija Angélica con Tomás. Pero ella está enamorada de Cleanto. Belina, la segunda esposa del enfermo, finge amor y compasión, por ser la única heredera. El joven médico, insulso y pedante, viene con su padre, médico también, y dirige a la joven una declaración en estilo pedante. Cleanto, fingiéndose sustituto del maestro de música, cantando declara su amor a la muchacha. El padre se da cuenta y la amenaza con el convento si no acepta a Tomás.
Y más equívocos y equívocos. Alguien le sugiere a Argán que se haga médico, porque ya conoce el arte en demasía. Las viejas acusaciones contra la medicina formalista y charlatana son ridiculizadas con un brío ingenioso y una fuerza más que convincente, a la vez que se afirma la fe en la naturaleza, única medicina. La figura del enfermo imaginario es de una humanidad real y los tipos de los médicos tienen una extraordinaria riqueza de color. Toda la comedia tiene un aire ligero y sumamente divertido, con cierta hinchazón caricaturesca a través de la cual se advierte un trasfondo doloroso.
El espectáculo realizado por la Comedia Universitaria de la UNL muestra primero la inteligente y solvente adaptación del director Claudio Martínez Bel, porque trae la historia a nuestros días y así consigue contundencia. También porque aprovecha el espléndido espacio del escenario para crear por momentos, en el marco de la certera escenografía de Mario Pascullo, bellas imágenes, a las que sin ninguna duda ayudan el exquisito vestuario de Verónica Bucci y la soberbia música original de Mariano Cossa, que subraya situaciones. La totalidad es sumamente responsable. Y brillante.
Martínez Bel elude la tentación de recurrir a un estilo supuestamente ortodoxo y evita usar recursos gruesos para buscar la complicidad del público. Sí entrega a cambio un producto -entendiendo esta palabra como lo indica la Real Academia de la Lengua Española, "cosa producida"- cargado de lecturas actuales y, esencialmente, para que el espectador se divierta.

Actores con pasión
Lo consigue. Sobre la escena, se luce un elenco de actores santafesinos que, básicamente, disfruta de su trabajo. Eduardo Fessia compone un Argán de fuerte expresividad, al que dota de una máscara perfecta. Fabián Rodríguez y Roberto Trucco se entregan con oficio a las marcaciones de la dirección y es una delicia verlos en las tablas componiendo ambos el mismo personaje. Varinia Zelko y Camilo Céspedes son la pareja perfecta: ambos actores lucen bellos y la escena del beso final es un cierre romántico de antología. Marcelo Souza es el exacto Purgón y es bienvenido el debut de Nidia Casís, una joven actriz que aprovecha al máximo su breve intervención entregando la necesaria cuota de belleza y frescura que su personaje requiere. Son correctas las labores de Soledad Maglier (con incómodo e indescriptible calzado), Matías Graizaro, Raúl Deymonnaz y Lucía Klocker.

Párrafo aparte para Luciana Brunetti. La actriz otorga a su Toñita toda la energía y la necesaria cuota de complicidad con el resto del elenco. Su trabajo es excelente y logra, a partir de una indisimulable entrega, divertir a los espectadores a partir de genuinos recursos. Todos, insistimos, disfrutando del juego propuesto por Martínez Bel. Con un ritmo preciso, el exacto para Moliére, que sigue expresando, cada vez más, lo universal.